Monasterio de Suso

SIGLOS VI-XI

1. Centro espiritual

Monasterio de San Millán de Suso (Siglos VI-XI)

El monasterio de San Millán de la Cogolla fue uno de los centros espirituales más importantes de Castilla. Constituido a partir de un eremitorio rupestre y de la aureola mística de Emiliano o Millán, verdadero aglutinador de la primitiva comunidad monástica, su primer asentamiento se conoció como de Suso («arriba»).

Con el apoyo de los monarcas navarros primero y castellano-leoneses después, se constituyó en el primer santuario de peregrinación de la comarca. La fama de los milagros realizados por el santo-patrón creció con el tiempo y muchos peregrinos, cuyo destino final era Compostela, se desviaban de su itinerario para venerar sus reliquias.

A mediados del siglo XI la importancia de la institución era muy considerable y la comunidad había aumentado de tal modo que fue necesario el traslado a un nuevo edificio realizado en el fondo del valle: el llamado monasterio de Yuso (abajo), del cual no se conserva su iglesia primitiva y su claustro, románicos ambos. El edificio actual de Yuso es del siglo XVI. 

Las cuevas de Suso

2. Las cuevas de Suso (s. VI)

El cenobio original fue construido en el siglo VI aunque se fue ampliando hasta el siglo XI, de modo que en el templo se unen los estilos visigótico, mozárabe y románico.

Las cuevas son la parte más antigua del monasterio. En ellas se pueden ver sepulcros apiñados y superpuestos de personajes sin identificar, que debieron ser ilustres por la proximidad al sepulcro del santo. En el s. VI, en esta cueva hacía sus penitencias cuaresmales san Millán.

Los primeros moradores de Suso son ermitaños que viven buscando la soledad en las cuevas

En el 923 resurge el monasterio después de la conquista de Nájera por Sancho III el Mayor, rey de Pamplona, y lo habitan monjes mozárabes. En un arco de herradura mozárabe que da a la entrada a la iglesia hay dos capitales visigóticos de tipo corintio. Mozárabes del siglo X son también las dos capillas cuadradas y gemelas del interior.

En la cueva central, que en los primeros tiempos sirvió de oratorio, estuvo enterrado San Millán hasta el año 1030 en el que Sancho III el Mayor y su mujer Muniadonna, con asistencia de los obispos de Pamplona, de Oca, de Alava y de Huesca, hicieron levantamiento solemne de las reliquias. 

Emiliano (Millán)

3. Pastor y ermitaño

San Millán es uno de los confesores hispanos más celebrados de la España visigoda. Debe la extensión de su fama a la Vita Sancti Emiliani escrita por el obispo San Braulio de Zaragoza, y más tardiamente a la Historia del Señor San Millán de Gonzalo de Berceo. Su fama también lo hizo tener una presencia en la iconografía, imaginería popular, leyendas, apariciones en batallas libradas contra los moros. Todo esto produjo un oscurecimiento de la verdadera figura de San Millán, monje pobre, eremita y santo.

San Millán, pastor de ovejas

Millán es hijo de pastores y pastor él mismo desde su niñez. Siendo joven se hace discípulo del ermitaño Félix, llevando vida solitaria y penitente en la provincia de la Rioja, en la montaña de Bilibio, cerca de Haro. Habiendo aprendido el tenor de vida eremítico, vuelve a su pueblo para internarse en los montes Distercios. Pasa allí cuarenta y cuatro años. Según Gonzalo de Berceo, «confesor tan precioso no nació en España…”

4. Llamado al sacerdocio

De la soledad es llamado por su obispo Dídimo de Tarazona al presbiterado, asumiendo prontamente la parroquia de Santa Eulalia en su pueblo natal Berceo. El paso por la parroquia resultó en un estruendoso fracaso. Fue acusado de malversación del dinero parroquial por sus hermanos sacerdotes y reprendido por el obispo. Finalmente decide volver a su soledad. Se retira al valle de Suso o de arriba, cercano a su pueblo, donde trascurre la última etapa de su vida. En torno al santo va formándose una comunidad de hermanos y hermanas que formarán después de la muerte de san Millán el gran monasterio de San Millán de la Cogolla.

Ya en vida, san Millán es visitado, consultado y venerado. Salió al parecer muy poco de su eremitorio. La última salida que hace es para anunciar la destrucción de algunas ciudades de Cantabria. Un poco después muere con más de cien años.

Sus restos fueron venerados durante mucho tiempo en el mismo lugar de su ermita. En el 1076 sus restos son trasladados a la nueva Iglesia de Yuso o de abajo. Los restos de San Millán reposaron allí desde entonces.

Cueva donde vive y es enterrado Emiliano (San Millán)

5. El cenotafio de San Millán

En la cueva llamada Oratorio de San Millán se da sepultura al santo. Y aquí podemos encontrar el  cenotafio (monumento funerario en el que no está el cadáver de la persona a quien se dedica) de san Millan. Situado a nuestra izquierda, se trata de una escultura yacente del santo de época románica (siglo XII), vestido con ropas sacerdotales visigodas, construido en alabastro oscuro casi negro. Tiene unas medidas de 1,13 metros de altura, 2,11 metros de longitud y 1,93 metros de profundidad.

Cenotafio de San Millán. Monumento funerario para señalar a los peregrinos el sitio donde estuvo enterrado el santo.

En su manos podemos encontrar esculpido un portapaz sobre el pecho con la cruz de San Millán, una cruz florenzada de brazos iguales, con decoración de números y vegetales. Alrededor del santo podemos ver distintas escenas de la vida del santo: dos ciegos con sus bastones y un perro lazarillo acuden a implorar el milagro del santo, una niña muerta que resucitó al tocar el sepulcro, y distintos anacoretas. Se trata de decoración en altorrelieve que rodean los cuatro lados y los cuatro angulos formando un total de seis escenas. El cenotafio se apoya en un soporte con seis mensulas. Se le considera de una época tardo-románica o proto-gótica.

Cruz de San Millán. Cruz visigótica. Hojas de ortiga

6. El altar más antiguo de España

Altar usado por el santo en su cueva

En esta misma cueva, a la derecha encontramos una oquedad artificial, formada por tres huecos, cada uno de ellos con una arcada de medio punto, y que hacía la veces de altar y sagrario para san Millán. Algún autor considera que pudiera ser el altar más antiguo de España.

7. La devoción a San Millán

Se atribuyen a san Millán gran número de milagros. La devoción a San Millán se extendió por toda España, siendo especialmente importante en La Rioja y Navarra, donde era invocado en las batallas como Santiago en Castilla. El conde Fernán González era muy devoto de él. Tras la batalla de Simancas, en el año 923, en la que San Millán aparece en defensa de los cristianos, es nombrado patrón de Castilla, y se comprometen a pagar los Votos de San Millán.

Capiteles visigodos. Acceso a a la iglesia
Interior de Suso

Los infantes de Lara

8. Panteón de los siete heroes castellanos

La Leyenda de los infantes de Lara, incorporada al Romancero y cuyos hechos responderían a una realidad histórica situada en el último cuarto del siglo X, tuvo un éxito considerable en la Castilla de la Edad Media.

Según ella, los siete hermanos, hijos del noble Gonzalo Gustioz, fueron capturados por los musulmanes en una emboscada preparada por Ruy Velázquez, trasladados a Córdoba y decapitados. Los cadáveres se condujeron a Castilla y según una tradición no textual, fueron depositados en unos sepulcros pétreos que se ubicaron en el pórtico meridional del monasterio de San Millán de la Cogolla de Suso. De este modo, el monasterio fue también conocido como panteón de los siete héroes castellanos.

Portal de Suso con los sepulcros de los siete infantes De Lara y tres reinas de Navarra

Mudarra (también llamado «hijo de la renegada»), hijo bastardo de Gonzalo Gustioz —padre de los infantes— y de una hermana del mismo Almanzor, recibió su educación de este caudillo musulmán. Vengó después la muerte de sus hermanastros.

Al menos desde el siglo XVI, los monasterios de San Millán de la Cogolla y San Pedro de Arlanza pujaron por la pretensión de conservar la sepultura de los siete jóvenes asesinados. El apasionamiento llevó a que en 1600 el abad del monasterio riojano, fray Plácido de Alegría, procediera a la apertura notarial de los siete sarcófagos ubicados en el pórtico del primitivo asentamiento en Suso, a fin de certificar su autenticidad.

La aparición de los cadáveres descabezados fue prueba que, poco tiempo después, convenció tanto a Sandoval como a Yepes para sellar la contienda a favor de la Cogolla. De este modo, el monasterio se conoció también como panteón de los siete héroes castellanos. Años antes, en diciembre de 1569, se habían encontrado en la iglesia parroquial de la villa de Salas «las cabeças de los siete Infantes dentro de vn arca de madera, cubiertas con vn lienço»

Los sarcófagos de los siete infantes de Lara se encuentran en el Monasterio de San Millán de Suso. Las cabezas de los infantes están en la iglesia de Santa María de Salas de los Infantes, y el sepulcro de Mudarra se halla en la Catedral de Burgos.


Glosas emilianenses

9. Cuna de la lengua

Una lengua no nace. Se hace. Las glosas emilianenses no indican un momento ni el lugar exacto en que comienza a existir el castellano. Sin embargo, San Millán se ha convertido en el símbolo del nacimiento de la lengua castellana. En torno a su sriptorium, biblioteca y archivo un monje escribe por primera vez, de forma consciente, en el habla del pueblo. No son palabras sueltas, no son traducción de un texto en latín.

Surge así el primer pasaje de prosa continua, una muestra de un sistema lingüístico, perfecto en sí mismo, en razón de su utilidad comunicativa, alejado ya de los esquemas latinos, con independencia lingüística consciente. Y en este mismo marco, sólo algunos siglos más tarde, escribió sus versos Gonzalo de Berceo, el primer poeta de nombre conocido de nuestra literatura.

Monje en su escritorio

Ninguna otra lengua conocida, de extensión e importancia comparables a la española, puede ser atribuida y asociada a un monumento y entorno natural tan singularizado y concreto como San Millán.

Pero San Millán es mucho más que un conjunto arquitectónico singular, más que unas glosas en romance, más que el lugar en que desarrolló su vocación y escribió Gonzalo de Berceo. El verdadero tesoro que encierran estos monasterios, lo que han dado al mundo y les ha hecho merecer el reconocimiento de la comunidad internacional a través de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO es, precisamente, un patrimonio lingüístico.

Las «glosas» son las anotaciones que hace el monje sobre el texto en latín. Son palabras sueltas. La traducción al castellano de un latín que no entiende. Las «glosas emilianenses» son el texto literario, no palabras sueltas, que está en el margen derecho del folio 72r del códice emilianense 60. Ya es literatura, el acta de nacimiento de un idioma nuevo.

Hace más o menos mil años, un monje de San Millán se enfrenta a un códice escrito en latín. Va tomando notas para comprender la gramática y aclarar los significados. A esas notas las llamamos glosas, las Glosas Emilianenses. Lo más novedoso es que esas glosas están redactadas, conscientemente, en el habla del pueblo, en romance, y pueden presumir de ser la primera página de la literatura española.

En el margen derecho del folio 72r del códice Emilianense 60 leemos esta doxología, que en parte es traducción del latín y en parte cosecha del glosador.

El primer texto en castellano…

“Cono aiutorio de nuestro dueno dueno Christo, dueno Salbatore; qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione cono Patre cono Spiritu Sancto enos sieculos delo sieculos, facamus Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudioso segamus. Amén”.

Traducido al castellano de hoy:

Con la mediación de nuestro Señor, don Cristo, don Salvador, que comparte el honor y la jerarquía con el Padre y con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Dios omnipotente nos haga servir de tal manera que nos encontremos felices en su presencia. Amén.

… y en vascuence

Es interesante que en este mismo Códice, aunque en otras páginas, se recogen también dos anotaciones, hechas por el mismo monje, en vascuence. Se trata del más antiguo testimonio escrito conservado de dicha lengua.

“izioqui duguguec aiutuezdugu”

«Hemos sido puestos a cobijo, hemos sido salvados a nosotros no se nos ha dado ayuda «

Glosas Emilianenses. Monasterio de Yuso

Gonzalo de Berceo

10. Gonzalo de Berceo, el primer poeta castellano

El primer poeta español de nombre conocido nace en Berceo, en torno a 1196. Recibe la primera educación en el Monasterio de Suso. Tras la formación universitaria en Palencia, siendo ya preste, vuelve hacia 1226 a Berceo. Compagina su labor de clérigo con la de notario eventual del Monasterio de San Millán. 

Por su condición de notario, tendría libre acceso al archivo y biblioteca del monasterio que, por esas fechas, podrían haber trasladado parcial o totalmente a Yuso, cuya construcción se remonta a 1067. De este contacto con la documetación emilianense surgiría, sin duda, su vocación literaria. En la biblioteca del monasterio encontraría la Vita latina que san Braulio había dedicado al santo fundador, a partir de la cual el poeta escribe hacia 1230 su primera obra, la «Vida de San Millán«. Seis años más tarde publica la «Vida de santo Domingo de Silos», nacido en la cercana localidad de Cañas, hacia el año 1000 que, siendo prior del Monasterio de Suso, fue desterrado del reino de Pamplona-Nájera por el rey Don García. Pasó Domingo a tierras de Castilla, donde fundó, sobre las primitivas ruinas de San Sebastián, el actual monasterio de Silos. Después Berceo publicará otras obras.

Gonzalo de Berceo, primer poeta castellano. Educado en el monasterio de Suso no es monje de la abadía de San Millán. Es clérigo y hará de notario del monasterio

Monasterio de Yuso, renacentista y barroco

11. El santo

San Millán, pastor nacido en el año 473 en Berceo, es un eremita discípulo de san Felices, el de Haro. Muere el 12 de noviembre del año 574 y es enterrado en su cueva de Suso. La cueva se convierte en ermita, y la ermita, con el tiempo, en iglesia y un pequeño cenobio en el que vive una comunidad presidida por un abad.

Cuando muere Millán, el rey Leovigildo está a punto de conseguir la unidad política de las tierras de España. San Braulio, obispo de Zaragoza, con los testimonios de los discípulos de san Millán, escribe la vida del santo. Nos encontraríamos hacia el 634, entre el IV y V concilio de Toledo, cuando se inicia el calendario de los santos propios de la liturgia hispana. Y como era el primer santo “propio”, el humilde Millán es aclamado como “padre y patrón”. Es, pues, el primer patrón  que ha tenido España. Patrón en el sentido de padre, modelo y protector.

Fernán González lo invoca como patrón de Castilla. Los reyes navarros también le piden protección. Todavía en el siglo XVII, en medio de un gran debate sobre el patronazgo de España, san Millán volverá a ser proclamado Patrón de Castilla, y por lo mismo, co-patrón de España. 

Monasterio de Yuso

12. La leyenda

El  rey D. García, el de Nájera, ordenó el traslado de los restos de san Millán de Suso al monasterio de Santa María La Real de Nájera. Cuenta la leyenda que quienes portaban la arqueta, al llegar al valle, quedaron como clavados en el suelo, lo que fue interpretado como voluntad del santo de no abandonar su valle. Ante este signo del cielo el rey D. García manda construir en ese lugar otro monasterio, al que llaman Yuso, el de abajo. El 26 de septiembre de 1067 se inaugura la iglesia con el traslado de las reliquias de la enfermería del monasterio a la nueva iglesia. Reina Sancho IV, el Noble, y predica Domingo de Silos, antiguo prior de Suso, que lleva veintisiete años de destierro en tierras de Castilla.

Carreta con las reliquias de San Millán. En el lugar donde se detienen los bueyes el rey manda construir un nuevo monasterio, el de Yuso (abajo)

13. Portada barroca

La portada de acceso al monasterio es obra de Pablo de Basave, arquitecto, y de Diego de Lizarraga, escultor, terminada en el cuatrienio 1661-1665. El relieve de san Millán es una imitación simplificada del lienzo del retablo mayor de la iglesia.

Portada barroca. Acceso al monasterio de Yuso

14. El zaguán y Salón de los Reyes

El zaguán se construye poco más tarde, en 1689. Da acceso al Salón de los Reyes , llamado así por los cuatro grandes lienzos de reyes  bienhechores del monasterio. Los escudos de la Escalera Real llevan la fecha de 1697: es la última gran construcción de los abades benedictinos.

Zaguán de entrada (1689)
Salón de los Reyes
Glosas Emilianenses. Facsimile Salón de los Reyes
El códice 60 salió de la biblioteca de Yuso en 1821. El gobierno se lo llevó con otros setenta y dos códices y valiosos incunables. La biblioteca quedó vacía una al ser expulsados los monjes. Se salvó el archivo. Hoy están todos ellos en la Real Academia de Historia en Madrid. El ejemplar que usted puede contemplar en el Salón de los Reyes es un facsímil.

15. El claustro

Se comenzó en 1549 y aunque sus bóvedas son góticas la concepción es renacentista. El superior es neoclásico y contiene veinticuatro cuadros de José Vexés, cuyas escenas principales versan sobre la vida de san Millán, escrita por san Braulio, obispo de Zaragoza.

Claustro

16. La iglesia

Es la primera construcción del conjunto del monasterio, comenzada en 1504 en el mandato del abad Fray Miguel de Alzaga se termina treinta seis años después. Está catalogada dentro del gótico decadente. El grandioso retablo del altar mayor contiene lienzos de Fray Juan de Rizzi, de la escuela del Greco, que representa a san Millán a caballo en la batalla de Hacinas, la Asunción de la Virgen María y otros cuadros. En total ocho. La extraordinaria rejería de Sebastián de Medina de 1676 completa el conjunto artístico de la capilla mayor. La sillería del coro bajo fue realizada por un tallista flamenco en torno a 1640. El trascoro, obra de Francisco Bisou, de estilo rococó francés, está decorado con  esculturas de bulto redondo, probablemente del taller de Pascual de Mena, que representan a los discípulos de san Millán, destacando por su belleza el púlpito de la escuela de Berruguete decorado con relieves de los evangelistas y símbolos de la pasión. El coro alto, sostenido por un arco con dieciséis medallones, es de la primera mitad del siglo XVIII.

Retablo Mayor
Trascoro

Fray Juan Rizzi

17. El retablo mayor

En 1653 llegó Rizzi a Yuso y el abad Fray Ambrosio Gómez le encargó enriquecer la iglesia de san Millán con un gran retablo que reivindicara para el santo el patronazgo de España, un retablo a la altura de la importancia del monasterio. Así lo hizo Rizzi. Pintó al anacoreta Millán ataviado con el hábito de benedictino y la cruz en el pecho luchando en la batalla de Hacinas. Fray Juan de Rizzi es considerado el mejor de los pintores claustrales españoles. Hijo de Antonio Rizzi, nació en Madrid en 1600 y aprendió pintura en el mismo taller de su padre. Hereda del Greco muchos rasgos del color y del manejo ágil del pincel.

San Millán, Patrón de España, en la batalla de Hacinas. Obra de fray Juan Rizzi. Retablo De la Iglesia de Yuso

18. La sacristía 

Es una de las más bellas de España. Antigua sala capitular, comenzó a usarse como tal hacia 1693. Los frescos del techo del siglo XVIII conservan toda la riqueza de los colores originales. La cajonería es de madera de nogal, encima de la cual hay veinticuatro óleos sobre cobre de la escuela flamenca. Encima, cuatro grandes lienzos traídos de Nápoles. Preside la sala una talla de Nuestra Señora de los Ángeles, de la mejor época de la imaginería española.

Sacristía

19. Museo

Tienen especial importancia las arquetas que originariamente contuvieron los restos de san Millán y san Felices. También son de interés algunos lienzos, particularmente los salidos del pincel de Juan de Rizzi, así como las réplicas de los marfiles de las arquetas: relicarios de san Millán del siglo XI y de san Felices del siglo XII.

Biblioteca de Cantorales

20. Códices y cantorales

La exposición “Códices y cantorales” está formada por una serie de paneles que iluminan sucesivamente y reproducen, a través de la documentación que se encuentra en el propio monasterio, lo que era el escritorio: cómo se compiaban los libros y qué materiales se utilizaban, (el pergamino, las diversas clases de plumas, las tintas…). Al final puede verse la estantería de los cantorales: veinticinco volúmenes copiados entre 1729 y 1731. El archivo y biblioteca de la abadía, de gran valor para los investigadores, están considerados entre los mejores de España.

Biblioteca de Cantorales
Monje, cantoral en su facistol.

Marfiles románicos

21. Arcas relicarios de San Millán y San Felices

El arca con las reliquias de San Millán se presentaba a la devoción de los fieles como un conjunto de imágenes en marfil que era fiel reflejo de la vida del santo escrita por Braulio (657-667), obispo de Zaragoza. Fue una obra promovida por el abad Blas del monasterio emilianense, y colocada sobre el altar de la nueva iglesia de Yuso el 26 de septiembre de 1067, reinando Sancho IV. 

El Arca de San Millán es una excepcional obra maestra del arte eborario (marfil) románico del siglo XI. La decoración del arca relicario de San Millán era como un “tebeo medieval”. En cada placa aparece un pasaje: arriba está la escena, abajo el desarrollo de la misma y alrededor la explicación latina. Una técnica juglaresca que pretendía enseñar, en un primer golpe de vista, al pueblo llano. 

Las arcas relicarios de San Millán y San Felices con los marfiles románicos están en Yuso

Arca relicario de San Millán. Marfiles románicos del s. XI. Monasterio de Yuso

Las arcasrelicarios que contienen las reliquias de san Millán y san Felices son obras maestras del arte del marfil románico. Los marfiles de la primera son del siglo XI, y los de la segunda del XII. Las dos arquetas se conservaron hasta el siglo XIX, cuando las tropas napoleónicas arrancaron las láminas de metal y las piedras preciosas, dejando las piezas en un estado lamentable. Además, la salida de la comunidad de los monjes de San Millán en 1809 favoreció el robo de las placas de marfil, algunas de las cuales desaparecieron para siempre, y otras fueron a parar a colecciones en San Petersburgo, Berlín, Florencia, Washington y Nueva York. Del relicario de san Millán quedan en Yuso catorce marfiles que narran su vida, más los del abad Don Blas y del escriba Don Munio. Del arca de san Felices conservamos cuatro de los seis que tenía.

San Millán y la destrucción de Cantabria (s. XI)
San Millán con sus discípulos (s.XI)
Marfil del Arca de San Felices (s. XII)

Patrimonio de la humanidad

22. Patrimonio de todos

El reconocimiento a los casi 1500 años de vida monástica del monasterio de San Millán, la conservación del conjunto monumental, edificio y paisaje del valle, y el centro cultural que supone, ha merecido el reconocimiento como patrimonio de la humanidad desde 1997.

Patrimonio de la Humanidad desde 1997