Las Glosas son anotaciones realizadas por un monje sobre un manuscrito latino conservado en el monasterio de San Millán.
Fueron escritas para facilitar la comprensión del texto, pero con el paso de los siglos adquirieron una importancia extraordinaria. Gracias a ellas podemos contemplar uno de los momentos decisivos de la historia cultural de Europa: el nacimiento de una nueva lengua escrita.
Lo que comenzó como una ayuda para la lectura terminó convirtiéndose en uno de los documentos fundamentales para comprender los orígenes del castellano.
Con frecuencia se afirma que las Glosas Emilianenses contienen las primeras palabras escritas en castellano. Sin embargo, esa afirmación resulta insuficiente para comprender su verdadero valor.
Palabras romances aisladas aparecen también en otros documentos medievales.
Lo excepcional de las Glosas es que muestran una lengua que ya posee estructura propia, vocabulario propio y capacidad para expresar ideas completas.
El monje glosador no se limita a sustituir palabras latinas por equivalentes romances. En determinados pasajes redacta explicaciones completas utilizando una lengua diferente del latín y perfectamente comprensible para sus contemporáneos.
Las Glosas permiten contemplar el momento en que el romance deja de ser únicamente una lengua hablada para convertirse también en una lengua escrita.
Hasta entonces el latín era la lengua habitual de la cultura, de la enseñanza y de los libros.
En San Millán vemos algo nuevo: una lengua nacida del latín comienza a utilizarse para explicar, interpretar y comunicar el pensamiento.
La nueva lengua ya no depende completamente del latín. Es capaz de expresarse por sí misma.
Las Glosas Emilianenses nacieron en un ambiente de estudio y trabajo intelectual.
Durante siglos los monjes de San Millán copiaron manuscritos, conservaron textos antiguos y transmitieron el conocimiento de generación en generación.
Aquellas anotaciones realizadas en los márgenes de un códice son fruto de una tradición cultural desarrollada en uno de los grandes centros intelectuales de la Edad Media hispánica.
Las Glosas Emilianenses poseen además un valor excepcional para la historia del euskera.
Entre las anotaciones aparecen expresiones escritas en lengua vasca que constituyen algunos de los testimonios más antiguos conservados de este idioma.
Por ello, las Glosas son una referencia fundamental tanto para la historia del castellano como para la del euskera.
Las Glosas Emilianenses son anotaciones escritas entre las líneas y en los márgenes de un códice latino. Incluyen pasajes en latín, romance y euskera, y muestran cómo los monjes aclaraban textos para hacerlos más comprensibles. Algunas de sus formas romances se cuentan entre los testimonios escritos más antiguos de una lengua romance peninsular, vinculada a los orígenes del castellano. La variedad lingüística concreta sigue siendo objeto de estudio.
La labor de las Glosas se enmarca en la intensa actividad del escritorio de San Millán, donde los monjes copiaban, estudiaban y transmitían textos. De este centro proceden tres importantes glosarios medievales: los códices 24, 46 y 31. Los códices 24 y 46, fechados en 917 y 964, respectivamente, son anteriores a las Glosas Emilianenses. El códice 31 se suele datar en el siglo XI. Entre los tres destaca especialmente el Códice 46.
Terminado en el año 964 y conservado actualmente en la Real Academia de la Historia, el Códice 46 contiene un extenso glosario latino de más de 20.000 entradas. Reúne palabras, explicaciones y conocimientos de campos muy diversos, por lo que se considera una obra de carácter enciclopédico. Los investigadores Claudio y Javier García Turza lo describieron como un repertorio que recogía «casi todos los saberes que el hombre poseía» en su época. Además, sirvió de modelo para glosarios posteriores relacionados con Silos.
El Códice 46 no contiene las Glosas Emilianenses: son manuscritos distintos. Sin embargo, ambos testimonian la riqueza intelectual de San Millán. Las Glosas permiten acercarse a las primeras huellas escritas del romance; el Códice 46 muestra la capacidad de los monjes para recopilar, ordenar y explicar el saber. En conjunto, dan cuenta del papel del escritorio emilianense en la transmisión de la cultura y en el estudio de los orígenes de las lenguas romances peninsulares.
Aunque el original no se encuentra hoy en San Millán, los visitantes pueden contemplar en el Monasterio de Yuso una reproducción facsimilar realizada con gran fidelidad. Gracias a ella es posible acercarse al aspecto auténtico del manuscrito y descubrir las páginas donde los monjes emilianenses escribieron las anotaciones que han convertido a las Glosas Emilianenses en una referencia fundamental para la historia de la lengua española.
Contemplar este facsímil en el lugar donde nació el manuscrito permite comprender mejor la extraordinaria labor cultural desarrollada durante siglos por el escritorio de San Millán y la importancia universal de su legado.
Las Glosas muestran una lengua que comienza a escribirse.
Dos siglos más tarde, Gonzalo de Berceo utilizará esa misma lengua para crear las primeras grandes obras literarias en castellano.
Por ello, las Glosas son una referencia fundamental tanto para la historia del castellano como para la del euskera.